domingo, 6 de septiembre de 2009

Los Maestros en la Revolucion (1910-1919)

LOS MAESTROS EN LA REVOLUCION (1910-1919)

Desde mi punto de vista, creo que el estallido de la Revolución Mexicana, interrumpe el proyecto educativo, en especial a lo referente a la centralización de la enseñanza primaria y los acuerdos para homogeneizar al magisterio y la unificación de los planes y programas de estudio en la enseñanza normal. La participación de los maestros en el movimiento de la Revolución fueron diversos, como su participación dentro de algunas de las facciones o simplemente se mantuvieron al margen de la situación por la que atravesaba el país.

Durante la revolución, la política para formar maestros fue una continuación del régimen de Porfiriano, aunque con algunas modificaciones importantes. Uno de los cambios más notables fue la interrupción del antiguo proyecto para federalizar la enseñanza primaria. En 1917 se suprime la SIPBA y las escuelas primarias se transfieren a los ayuntamientos de distrito y de los territorios federales.

MAESTROS REVOLUCIONARIOS Y VÍCTIMAS DE LA REVOLUCIÓN

Se dice que no hubo estado o grupo revolucionario que no contara en sus filas con más de un maestro e incluso se contaron por decenas. Durante y sobre todo después de la Revolución, el papel del magisterio ha sido exaltado por casi todos los candidatos a los puestos de representación popular en sus campañas electorales.
Una de las mayores dificultades para valorar la magnitud y el sentido de la participación del magisterio en la Revolución es que se trataba de un grupo profesional más numeroso, con la más extensa distribución geográfica en el país y con una mayor heterogeneidad social, profesional y económica.
Francisco Xavier Guerra destaca el papel del magisterio en la víspera y durante la revolución, así mismo apunta diversos factores que alentaron y permitieron la participación de los profesores en esos y otros grupos revolucionarios que los sucedieron en la lucha y en el triunfo.

A diferencia de los norteños, que se incorporaron desde antes y durante el periodo de la revolución, Guerra sugiere que los maestros del centro y del sur del país se incorporaron hasta después del triunfo de la revolución. Tal vez lo que ocurrió fue quela mayoría de ellos no se incorporaron directamente al movimiento sino que lo hicieron mediante su adhesión a los jefes o a los gobiernos revolucionarios, que dominaban las regiones donde laboraban.

Francisco Xavier Guerra también destaca la influencia de Rebsamen en la Revolución.
Los rebsamenianos estuvieron en casi todo el país, incluso en el D.F. y en algunas regiones en las que no hubo revolución o llego muy tarde.
Fueron varios los distinguidos rebsamenianos que participaron en distintos grupos, incluso en bandos considerados desde entonces y después como conservadores y otras veces reaccionarios.
La participación del Magisterio del Norte, fue resultado de otro fenómeno, formaba parte de una especie de sociedad nómada o seminomada integrados por migrantes del resto del país.

El enrolamiento masivo del Magisterio ocurrió después, cuando realmente empieza la Revolución, es decir, cuando empieza la lucha armada contra el gobierno de Huerta. Hasta 1896 los profesores dependieron de los ayuntamientos del D.F., para luego depender del gobierno federal. Su primera sacudida la recibieron en 1911, cuando el ministro de Educación Justo Sierra, se vio obligado a renunciar por un reajuste del gabinete.

La mayoría de los maestros de la capital de la república no fueron a la Revolución, la mayoría entro a la revolución hasta después: en los últimos días de Huerta en el poder y, sobre todo luego de su derrota, durante la guerra de facciones.

LOS MAESTRO REVOLUCIONARISO Y LOS CATEDRÁTICOS CONSERVADORES.

Los normalistas siempre quisieron ser distintos, querían constituir un grupo profesional diferente al resto de los profesionistas, querían tener su propio campo de actividad, sus propias funciones y sus propias normas de ingreso de permanencia y movilidad profesional, pero al mismo tiempo gozar de un status igual al de los universitarios. Justo Sierra, rechazó la propuesta señalando que la enseñanza normal era un asunto de directa incumbencia del estado, crucial para el cumplimiento del precepto de instrucción obligatoria. La universidad y la Normal coincidían en la tarea de formar profesionistas, solo que diferían en el tipo de profesionistas que deberían de formar. Mientras que la Normal formaba profesores de educación primaria elemental y superior, y la universidad lo hacía para que enseñaran en sus propias escuelas. Los profesores universitarios y preparatorianos eran profesores habilitados para la docencia, mientras que los normalistas se les formaba en educación primaria.

Ahora bien, la enseñanza normal nació directamente asociada al creciente de la intervención del Estado en la instrucción primaria obligatoria. Es decir, surgió como una institución del estado para formar a los maestros que iban a realizar una actividad cada vez más estatal. Por varias décadas, los egresados de las normales constituyeron un grupo muy reducido, una elite no solo de la sociedad sino también del magisterio. La distinción entre normalistas populares y universitarios elitistas fue muy resaltada por los jefes revolucionarios para exaltar a los primeros y fustigar a los segundos. Los Normalistas le reprochaban a la universidad y a los universitarios su conservadurismo y elitismo.

LA EDUCACION MEDIA: UN TERRITORIO MOVEDIZO Y DISPUTADO ENTRE LOS UNIVERSITARIOS Y NORMALISTAS.

En ese tiempo se mantuvo la educación elemental como parte del territorio normalista y la superior del universitario pero el punto medio, la educación media, creó una disputa de pertenencia. Hacia 1986 la educación primaria que formaba parte de la junta superior se traspasa a la dirección general de instrucción primaria ya que se ocuparía de las escuelas superiores y la nacional preparatoria; 10 años después surge nuevamente el conflicto de inconformidad de las escuelas normales de pertenencia a la categoría universitaria y la respuesta fue la misma. Después de la lucha, la normal es identificada como parte del régimen revolucionario mientras que a la preparatoria con el antiguo régimen, así, cuando los constitucionalistas llegan al poder, alcanzan algunas de sus metas, la preparatoria pasa a la dirección general de educación primaria, técnica, preparatoria y normal bajo el mando de un normalista Moisés Sáenz, alcanzado así como obtener lugares privilegiados ante los universitarios, concedido por Pino Suárez. Y los despojados durante el movimiento de sus puestos fueron beneficiados con la fundación de la normal nocturna para maestros no titulados en servicio.

LA PROFESIÓN DOCENTE TRANSFORMADA EN LA REVOLUCIÓN.

La revolución transformo la designación y composición de los órganos de dirección y consulta en el ramo. Al mismo tiempo la expansión escolar aparece como una oferta político-electoral. Los caudillos ya no veían a los maestros solo como un agente educador, sino que veían también su potencial político individual y colectivo. En suma uno de los legados más inmediatos de la Revolución fue la ampliación de las oportunidades políticas para el magisterio producto de la filiación revolucionaria de los maestros y del relajamiento de los canales de movilidad política.

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